Teatro Baralt

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El Teatro Baralt: Vanguardia Cultural del Zulia


La historia cultural del Zulia no puede contarse sin mencionar la presencia significativa del Teatro Baralt. Desde su inauguración el 24 de julio de 1883, este espacio, originalmente concebido para la difusión de las artes escénicas regionales, ha marcado pauta en la vanguardia artística de nuestra región. En la actualidad el Teatro Baralt forma parte del proyecto Eje Cultural del Zulia, desarrollado por la Universidad del Zulia (LUZ) con el fin de oxigenar la vida cultural de la región.

Luego de un arduo trabajo de restauración, el hoy remozado Teatro Baralt se encuentra listo para reiniciar su labor vanguardista, bajo la tutela de la Fundación Teatro Baralt, un cuerpo administrativo integrado por representantes de la Universidad del Zulia, el Ejecutivo del estado Zulia, la Alcaldía de Maracaibo, la Asamblea Legislativa del estado Zulia, el Centro Rafael Urdaneta, Fedecámaras y el Consejo Nacional de la Cultura.

En esta renovada dimensión arquitectónica y funcional el histórico Teatro Baralt de Maracaibo, sede de tantos eventos y sueños, ofrece nuevas posibilidades de desarrollo, tanto para las artes escénicas, como para otras diversas manifestaciones artísticas de la región y el país. Con un espíritu noble, invita hoy a recorrer el tránsito fecundo de su historia que se proyecta hacia un futuro de consolidación de la conciencia social y la identidad cultural del zuliano.

 

Los Inicios del Teatro

La primera solicitud de un Teatro para Maracaibo es realizada ante la Corte de España en 1811, por intermedio del diputado a Cortes José Domingo Rus. No obstante, esta gestión resulta infructuosa y no será sino hasta 1840 cuando la ciudad cuente con un espacio para la escenificación teatral, gracias a la iniciativa de Miguel Antonio Baralt, quien improvisa en el solar de su residencia un teatro con techo de enea. La pasión generada por este teatro de enea impulsa la creación de la Sociedad Unión, que de inmediato aboga ante las autoridades por la construcción de un edificio propio para las representaciones teatrales de envergadura.

Es así como el 28 de julio de 1877 el general Rafael Parra decreta la construcción del Teatro Baralt de Maracaibo y apenas tres meses después de presentado el proyecto de construcción, asentado en planos arquitectónicos por el ingeniero cubano Manuel de Obando y aprobado, en consulta pública, por los entusiastas habitantes de la ciudad, se coloca la primera piedra en la misma esquina donde se cruzan la calle Venezuela y la Urdaneta, justo hacia el sector noroeste de la Plaza Bolívar.

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Primera Presentación

Su inauguración ocurre seis años después, el 24 de julio de 1883, en un tiempo de regia celebración: se cumplen cien años del natalicio de Simón Bolívar, El Libertador. Para entonces, Maracaibo era una ciudad de 35.000 habitantes y aquel Teatro da cabida a la dramatización y al canto en un espacio de 44 metros de largo, 21 metros de ancho y 10 de alto.

Aquel día inaugural 400 personas –capacidad máxima para entonces- disfrutan de la zarzuela Choza y Palacio, interpretada por un grupo de niñas del colegio de la Inmaculada, mientras a su alrededor reluce una arquitectura de estilo árabe, con cielo raso en madera de cedro y pintado al óleo con un motivo que representa a las nueve musas de la ciencia y creación artística.

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Un Teatro pionero en eventos maravillosos

El Teatro Baralt de 1883, con un pórtico formado por cuatro impresionantes columnas toscanas y una terraza protegida con barandas de hierro, permitió a los habitantes de aquella Maracaibo romántica e ilustrada,  disfrutar de la primera proyección de vistas animadas que se conoció en nuestro país. Ocurrió el 11 de julio de 1896 y lo hizo posible el empresario Luis Manuel Méndez, quien trajo a la ciudad el Vitascopio del inventor norteamericano Thomas Edison. El operario de aquella primera máquina cinematográfica fue el joven fotógrafo zuliano Manuel Trujillo Durán, quien luego se encargaría de difundir con pionero entusiasmo la maravilla de aquella creación tecnológica, mediante diversas giras itinerantes. Entre las primeras películas proyectadas en aquella fecha se encuentran The Monroe Doctrine (traducida por la prensa de la época como Alegoría sobre la doctrina de Monroe) y Anabella Serpentine Dance (traducida como La Serpentina) y que causó grata impresión entre los asistentes por la voluptuosa soltura de la bailarina Anabelle Whitford.

El Teatro Baralt fue, entonces, pionero del cine, junto a Méndez y Trujillo Durán, no sólo por haber presentado una exhibición de este nuevo avance tecnológico, sino porque entre las varias proyecciones realizadas a lo largo de esta fiebre cinematográfica se contemplan dos filmes producidos en Maracaibo, aparentemente con un cinematógrafo Lumiére y por el mismo Trujillo Durán, apenas seis meses después de aquellas primeras proyecciones.

Así, el 28 de enero de 1897, se proyectan en el Teatro Baralt las películas tituladas: Muchachas bañándose en el Lago de Maracaibo y Célebre especialista sacando muelas en el Gran Hotel Europa. Es decir, de inmediato el ingenio y la ambición típica del zuliano se activaron a favor de un logro trascendental: la producción cinematográfica criolla. 0008. Teatro Baralt

Vestigios de la primera edificación

La Conformación arquitectónica y la gracia artística del Teatro de 1883 permanecen y vibran aún en el Baralt contemporáneo. Pueden apreciarse con tan sólo pasar a lo que es hoy la Sala Baja, o Sala Sergio Antillano. Hay allí presencia de cimientos y de muros, bases de la estructura del Baralt antiguo. En este ámbito, de restaurada armonía, se integran elementos –figuras arquitectónicas y artísticas- de distintas épocas: su forma o su distribución espacial no fue alterada, continúa como una herradura, tal cual el diseño de Manuel Obando, pero el piso actual es creación del artista plástico contemporáneo Francisco Hung, inspirado en el mosaico de entrada. Se conserva también, en este espacio, la taquilla original del teatro, restaurada con hojillado de oro. En este espacio, de carácter antropológico si se quiere, se ha realizado un trabajo de acondicionamiento técnico en iluminación y aclimatación que le permiten hoy constituirse en una sala expositiva de gran valor artístico.

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El Teatro Baralt de 1932

El Teatro Baralt de 1883 cumplió a cabalidad  como espacio para el arte al dar cabida a la ópera, la zarzuela y la interpretación dramatúrgica. Pero los nuevos tiempos, tiempos modernos para el mundo y de rehabilitación nacional para Venezuela, bajo la égida del general Juan Vicente Gómez, exigían distintos ámbitos para la expresión cultural. Reclaman espacio la cinematografía, las grandes compañías de ópera, los espectáculos de la farándula y la expresión teatral profesionalizada y mayormente ambiciosa.

De acuerdo a la razón de los tiempos y con el proyecto de edificar un gran Teatro Municipal, el presidente del Zulia, general Vicencio Pérez Soto, en el año 1928 ordena y ejecuta la demolición del viejo teatro. Cuatro años más tarde se inaugura, en la misma esquina colindante de las calles Venezuela y Urdaneta, el nuevo Teatro Baralt.

Esta vez el responsable de la creación de un espacio armónico, donde estética y funcionalidad pudieran conjugarse, resultó ser el arquitecto de origen belga Leon Jerome Hoet. Y quizás a su forma de trabajar, o más bien, al uso de una técnica ancestral para controlar la acción de las capas de aguas subterráneas sobre las bases de la edificación, fue posible el descubrimiento arqueológico de los cimientos del Teatro Baralt de 1883. Este descubrimiento se produjo en 1989, durante el proceso de restauración del teatro de 1932 y, según algunos expertos participantes en la restauración, Hoet se propuso controlar la acción de las aguas subterráneas mediante el sistema de enterrar piezas de cerámica, tal como lo hacían los antiguos pueblos aztecas. De esta manera, los cimientos de la antigua edificación fueron cubiertos con diversas capas de cerámica y se conservaron bastante libres del efecto corrosivo de las aguas.

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Las Nuevas capacidades y el Nuevo estilo de 1932

El Teatro Baralt de 1932, de estilo arquitectónico neoclásico –a diferencia del antiguo, más bien arábigo- amplió su capacidad a casi mil butacas, incluyendo tres niveles de balcones, una platea inclinada, un sótano y un edificio adyacente para camerinos y baños, y un escenario alto, con poca anchura de boca y mediana profundidad. Destaca en esta nueva etapa el aspecto de decoración interior, a cargo del pintor zuliano Antonio Angulo, a quien el periodista y reconocido crítico de arte Sergio Antillano calificó como “el primer artista abstracto del país”, merced al estilo Art Decó del que hizo gala en el cielo raso o plafond de 540 metros cuadrados que conformó la techada del Teatro. Hoy, el plafond se aprecia completamente restaurado y mejorado técnicamente para otorgarle una mayor funcionalidad: con la adhesión de una especie de anime –propilene- en su parte superior que le otorga mayor volumen y le permite reflejar mejor el sonido.

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Un Teatro de novedades para el Zulia, Venezuela y Latinoamérica

La inauguración de este nuevo espacio para la manifestación de las artes se realizó en homenaje al general Juan Vicente Gómez el 19 de diciembre de 1932, denominado el Día de la Rehabilitación Nacional. Desde entonces el Teatro Baralt ha concentrado en su escenario un gran número de actividades significativas para la cultura no sólo regional, sino también nacional y continental.

Por sus tablas han pasado célebres personalidades de las artes clásicas y populares del continente, como la pianista venezolana de proyección internacional, Teresa Carreño, el intérprete de la música del arrabal argentino, Carlos Gardel, el popular cómico mejicano Mario Moreno Cantinflas, las revistas musicales Lido de París y Folies Bergere, el Bolshoi de Rusia, agrupaciones musicales de trascendencia latinoamericana, como Inti-Illimani, cantantes de profundo arraigo social como Daniel Viglietti y Mercedes Sosa, los poetas Nicolás Guillén, Aquiles Nazoa, Miguel Otero Silva, el inmejorable artista del mimo, Marcel Marceau, e importantes compañías dramáticas, como la compañía americana de Emma Soler y Teófilo Leal, el Guiñol de Barcelona, o la de Juana Sujo.

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La Restauración del Teatro Baralt

El Teatro Baralt, que desde 1955 pasa a ser administrado por la Universidad del Zulia, posee una trayectoria signada por luchas y conquistas. La mayor de ellas se inicia a partir de 1973 cuando una comisión evaluadora de la Dirección de Cultura de esa casa de estudios presenta un informe al Consejo Universitario, en donde se confirma el implacable deterioro del edificio. De inmediato, el Consejo autoriza al Departamento de Planificación Física de la Universidad para presentar un anteproyecto de reforma. Esta responsabilidad recae en el arquitecto César Berbesí, cuyo plan contempló el cierre del teatro para iniciar trabajos sustanciales, tales como la colocación de aire acondicionado, estudio acústico, eliminación de los palcos y ampliación de la platea para un aforo de mil personas.

El trabajo de la Universidad se concentró entonces en la investigación histórica e iconogáfica y en un levantamiento planimétrico del edificio con su respectivo análisis estructural. Al mismo tiempo, las gestiones políticas, pacientes pero insistentes, consiguen un objetivo fundamental: en noviembre de 1981 el Teatro Baralt es declarado Monumento Nacional, según Gaceta Oficial No. 32.347.

Para el año 1986, con el auspicio del Ministerio de Desarrollo Urbano (MINDUR), se inician las labores de restauración, bajo la responsabilidad de un equipo pluriprofesional dirigido por el arquitecto Paolo D´Onghia.

Nueve años más tarde, en 1955, MINDUR firma un convenio con el Centro Rafael Urdaneta (CRU), mediante el cual transfiere a éste la coordinación de los trabajos y la administración de los recursos necesarios para el término de la restauración, que reinscribe de esta manera en el Plan de Renovación Urbana que el CRU adelanta en el casco central de Maracaibo.

Por último, el Gobierno Regional otorga al CRU el aporte necesario para culminar la restauración del teatro, y finalmente se produce su reapertura el 18 de julio de 1998, quedando bajo la tutela administrativa de la Fundación Teatro Baralt (FundaBaralt). 

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El Teatro Baralt a finales del siglo XX

El fundamento del Teatro Baralt fue la construcción de un espacio para las artes escénicas, para la confrontación y el desarrollo de la dramaturgia zuliana. Pero esta razón no lo ha privado de convertirse en un teatro de proyecciones trascendentes sobre el quehacer artístico general del pueblo zuliano, del país entero y del continente mismo. En pocas palabras, en un lugar óptimo para la expansión de todas las manifestaciones del arte.

Y si bien el Baralt surge por el anhelo y para el logro de la expresión escénica y dramatúrgica, dado que el arte escénico es una de las tradiciones culturales más antiguas y de mayor arraigo en el pueblo marabino, como espacio artístico no se torna exclusivo, pues su capacidad espacial, su conformación arquitectónica, su nueva tecnología, posibilitan la presencia de diversas manifestaciones artísticas.

Para responder a esto, al Teatro Baralt de finales del siglo XX se le han agregado mejoras técnicas considerables: hoy ofrece mejor aclimatación con aire acondicionado, elementos absorbentes en la parte posterior para mejora de la acústica, iluminación controlada por computadora, sistema de sonido digital, nueva tramoya, ahora metálica –la anterior era de madera- para soportar mayores pesos, y un foso ampliado.

El proyecto de restauración del Teatro Baralt contó, además, con algunas ediciones, como la de los inmuebles ubicados hacia el lado izquierdo del edificio, negociados entre su propietaria –la Fundación  Belloso-, y la Fundación Teatro Baralt. En la actualidad este espacio es ocupado por el estacionamiento del teatro, que permite ofrecer un servicio mucho más completo a la comunidad y una amplia seguridad en el cuidado y control de los vehículos de quienes asisten a los diversos eventos ofrecidos por el Teatro Baralt.

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La Responsabilidad pedagógica del Teatro Baralt

El Teatro Baralt continúa bajo la tutela de la Universidad del Zulia y administrado por la Fundación Teatro Baralt, quienes han comprendido la responsabilidad pedagógica de este espacio propicio para la difusión del arte y para el rescate de la identidad cultural del Zulia. Es por ello que, desde su reapertura, el 18 de julio de 1998, han puesto en funcionamiento un programa permanente de carácter educativo-cultural denominado Visitas Guiadas Pedagógicas al Teatro Baralt, orientado hacia niños entre ocho y quince años de edad, que asistan a las escuelas del Distrito Maracaibo.

Los objetivos de esta iniciativa responden a la necesidad de incorporar a los programas de educación básica el estudio y comprensión del legado del Teatro Baralt en el quehacer cultural de la región, como una manera de consolidar en el niño y en sus familiares los valores de nuestras tradiciones arquitectónicas, artísticas y culturales en general.

Las funciones del Teatro Baralt, como espacio diseñado para la expansión de todas las manifestaciones del arte, no se limitan a la difusión de los programas de artes escénicas, cinematográficas, literarias y musicales. Su responsabilidad está enraizada en la necesidad de orientación cultural y educativa del pueblo y en la consolidación de la identidad zuliana.4BandadeConciertoSimonbolivar.jpg 1

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